This week´s Spanish installment of Expanish Spanish School Blog is brought to you by Expanish Spanish Teacher, Clara Retta.

El argentino se caracteriza por “amiguero”. Un argentino conoce a alguien en una fiesta, un bar o cualquier evento, hablan media hora y al día siguiente son amigos.

La mayoría de las publicidades ponen su punto más importante en la amistad, en compartir el tiempo y en estar juntos.

Y hay un amigo de todos: El Negro Fontanarrosa. Todos los argentinos lo conocemos así. “Negro”, en nuestro país, es una palabra reservada para AMIGOS. No se puede llamar así a cualquiera; no porque sea agresivo, sino porque demuestra un exceso de confianza. Es necesaria una conexión especial con la persona para llamarla de esa manera. Y todos llamamos así a Fontanarrosa: “El Negro”. Porque fue amigo de todos. Porque para todos los argentinos, él es nuestro amigo.

Este agente de la cultura argentina nació en Rosario, la ciudad que le disputa a Buenos Aires el protagonismo desde que el mundo es mundo. Y esta ciudad de la provincia de Santa Fe tiene buenos motivos para estar orgullosa. Allí han nacido grandes actores, increíbles músicos, fabulosos compositores y, como para ir hasta el extremo, tuvo el lujo de ser el lugar que vio nacer al mundialmente conocido Che Guevara.

Los españoles juran que en Madrid hay más bares que personas, como si eso fuera garantía de que los mejores amigos sólo pueden  encontrarse ahí.  No. No es exclusivo: Argentina tiene su ciudad de bares.  Lugar de encuentro. Lugar de amigos: Rosario.

El Cairo. El bar más famoso de la Argentina está en  la esquina de Sarmiento y Santa Fe, en Rosario. En ese lugar, en ese bar,  Fontanarrosa, en silencio  escuchó a todos sus amigos: personas comunes, con problemas comunes: fútbol,  mujeres y amistad. A partir de eso, construyó gran parte del bagaje cultural nacional. Muchas historias, muchas vidas.

 

Puto el que lee. Así comienza el primer texto del libro de cuentos Usted no me lo va a creer, de Roberto Fontanarrosa.

Fuerte. Transgresor. Simpático.

Es casi imposible escapar a la tentación de leer lo que sigue.

Sus historias están cargadas de seres reales y de experiencias humanas. Sus personajes HABLAN. No sólo “dicen cosas”; HABLAN. En sus relatos aparecen personas de carne y hueso que nos cuentan las cosas cotidianas que les pasan, lo que les preocupa, cambian de opinión de una página a otra… viven. Viven como vivimos todos: preguntándonos todo el tiempo si lo que estamos haciendo está bien o si deberíamos hacer lo opuesto. Pedimos consejos a nuestros amigos. Nos damos “excusas” para creer que estamos tomando la decisión correcta. Protegemos a la gente que queremos con mentiras piadosas. Discutimos con los que más queremos, porque sabemos que la amistad es más fuerte que una discusión. Negociamos con nuestros miedos y a veces con nuestra moral. Exageramos las cosas que nos pasan, sólo para impresionar a quienes nos están escuchando.  Antihéroes. Así somos los argentinos.  Así son los personajes de los cuentos del Negro.

Alegría, tristeza, preocupación, nobleza, exageración, amistad sincera. Contradictorio, verdadero  y real. Creemos ser el mejor país del mundo… y es cierto; sólo porque queremos serlo.

Sentate en un bar y observá a un grupo de amigos. Mirá sus caras. Si podés, escuchalos.

Todo eso, TODA ESA VIDA la podés encontrar en las maravillosas historias del Negro.

Si visitás Rosario, podés ir al bar, tomar algo y ver dónde él se sentaba a escuchar a sus amigos. No te voy a decir cómo encontrar la mesa porque te vas a dar cuenta: es diferentes de todas; es de otra época. Si tenés suerte, puede ser que te encuentres con sus amigos, que todavía siguen yendo y compartiendo sus días y sus vidas. Si les pedís sacarte una foto, seguro que te van a decir que sí y, probablemente, te contarán alguna anécdota del Negro. Ellos son los verdaderos protagonistas de las historias

Dato curioso: en Argentina, el 20 de Julio se celebra el “Día del amigo”, para conmemorar el día en que el hombre pisó la Luna por primera vez.

Fontanarrosa murió el 19 de julio de 2007.  Hace un tiempo que un grupo de personas intentan cambiar la fecha del 20 al 19, un día antes, para recordar al AMIGO de los argentinos. En este link podés sumarte a la iniciativa.