Existen diferentes formas de hablar español. En cada país, en cada región, una palabra puede tener diferentes sentidos y eso se muestra en el contexto.

Como profesor de lengua y literatura enseño en varios lugares, Expanish ocupa mis tardes y los alumnos siempre me dejan enseñanzas del mundo. Pero por las mañanas doy clases en un centro de rehabilitación de adictos llamado Casa Puerto que está en el barrio de Flores, y mis alumnos me dejan enseñanzas de mi propio mundo, de mi país, de mi ciudad.

En el centro, se encuentran chicos que pasaron experiencias difíciles en su vida, que vivieron en la calle, que tiene familias complicadas o que ni siquiera tienen familias. Las drogas fueron una escapatoria de sus problemas y al mismo tiempo un infierno del cual están tratando de salir. En ese lugar, vivo experiencias magníficas y situaciones complicadas. Por la mañana manejo un “registro”, una forma de hablar, que no es igual a la forma de hablar en Expanish. En Casa Puerto, los chicos hablan la lengua de la calle, la lengua que aprendieron en su corta pero larga vida. Una de las palabras más interesantes de esa lengua es la palabra “gato”. En Buenos Aires, la palabra tiene tres significados muy diferentes.

El primer significado es literal y lo encuentra cualquier alumno de español en su diccionario: “gato” es un sustantivo concreto, un mamífero cuadrúpedo que puede ser una mascota, y que pertenece a la familia de los felinos. En una forma más simple: el gato hace “miau”. Yo tengo dos gatos en mi casa, el que está en la foto se llama Napoleón, ¿no es tierno?

El segundo significado es el gato como adjetivo: “gato” se llama a las chicas que trabajan en el “oficio más viejo del mundo”: la prostitución. Gato es una chica “mimosa” que “ronronea”, en palabras más simples: una chica que hace “grrrrrrrrrr”. El sentido también es literal y el uso de la palabra es metafórico.

Existe un tercer uso, también como adjetivo, que es el uso de mis alumnos de Casa Puerto.

Primero tengo que hacer una aclaración, el lenguaje de las calles también es el lenguaje de las cárceles, muchos de mis chicos tienen “causas judiciales” y algunos también tuvieron que vivir en cárceles de adolescentes. En ese contexto “gato” es la persona del mismo sexo que cumple las funciones de una prostituta y un poco más. “Gato” es la persona que en la estructura social de la cárcel ocupa el lugar más bajo, el que trabaja para el resto de las personas como un sirviente, el que cumple los deseos del resto, desde hacer la cama o planchar la ropa hasta satisfacer sexualmente a su “amo”.

En ese último contexto la palabra “gato”, que puede parecer inofensiva, se convierte en un insulto.

Cuando enseño español a mis alumnos trato de explicar que muchas palabras funcionan de formas diferentes en contextos diferentes, aprender esos usos crea no sólo una idea de cómo es el mundo, sino de cómo el mundo es complejo. Cada lengua es un mundo y son muchos los mundos en diferentes “registros”. En ese sentido, aprender español es aprender muchos mundos.